"Entre quejas, una hija harta y una amiga del alma"
- Consuelo Ayo

- 19 jun 2025
- 3 Min. de lectura

Hace unos días salí a hacer una de mis largas y amadas caminatas 🏃♀️ con las ideas alborotadas —porque yo camino y pienso, o camino para dejar de pensar tanto, no sé bien— y me acordé de una etapa de mi vida y de todas esas veces en las que me he preguntado: “¿por qué soy así?” 🤔
Me vino a la mente una temporada —larguita, por cierto— en la que me volví experta en encontrarle el defecto a todo. Y no solo lo pensaba: lo decía. (Mi terapeuta seguro me diría: “¿Qué te está pasando ahorita que te acordaste justo de eso en este momento?” Buen punto también).
No era drama… Bueno, tantito sí.
Era como tener un radar interno encendido todo el día buscando qué corregir o qué faltaba: lo que dije, cómo lo dije, si lo dije muy intenso. Y no solo conmigo. En la casa, en el trabajo, mucho, muchísimo en el tráfico y hasta con la vida.
Según yo, estaba siendo muy observadora, siempre lista, previsora, eficiente, responsable, "solucionadora"… Muy “todo”. La verdad: era agotador. Y peor aún, ni cuenta me daba de cuánto me quejaba de todo. Solo me sentía incómoda. Apagada. De malas. ¿Te ha pasado?
Entonces, un día cualquiera, en medio del tráfico y de mis quejas crónicas —nivel piloto automático—, mi hija menor (que es de lo más paciente), me dijo, sin levantar la voz, solo le salió del alma: “Es horrible oírte quejarte todo el tiempo". No se burló. No se enojó. Solo estaba harta. Y sí… tenía toda la razón. Es horrible.
Yo, que trato de encontrarle el lado ligero y práctico a casi todo, andaba intensa. Todo me molestaba. Me volví especialista en encontrar “el prietito en el arroz”, como decía mi mamá. Hasta lo que salía bien me parecía sospechoso. Era como si me hubiera guardado el optimismo✨ y no supiera dónde lo dejé.
Y justo entonces, como caído del cielo (ok, exag… no, sí: caído del cielo), volví a ver a mi amiga del alma —la de siempre, aunque vivamos lejos—. Nos pusimos a recordar nuestras épocas más rudas, esas en las que andábamos por la vida como licuadoras sin tapa 🌀… y aun así, siempre aparecía algo: una carcajada, una llamada, una frase ridícula, una complicidad silenciosa que nos regresaba al centro y nos dábamos una a la otra fuerza y alegría. Recordamos cómo y cuánto nos servía buscar también lo bueno, no para negar los problemas, sino para hacerlos un poquito más llevaderos.
Y sin pensarlo, lo supe: "¡Quiero eso de nuevo en mi vida! ¡Lo quiero!"
Ahí me cayó el veinte: también me han salido cosas bien y ya perdí la costumbre de verlas. Y son cosas que ya ni digo, ¡que ya ni las noto!. Entonces me puse a buscar cómo recuperar esa parte mía que antes encontraba luz hasta en los días feos.
Y encontré algo. Que parece simple y que es, para mí, poderoso. Es una costumbre que me gusta tanto que hasta la propongo a veces en terapia: Antes de dormir, me digo: "Mi logro de hoy es..." 🌙 A veces me sale fácil completar la frase. Otras lo tengo que buscar como algo chiquito que se pierde entre las cobijas y es difícil de hallar aunque sepamos que ahí está. Y siempre aparece. Algo, a veces grande otras algo muy sencillo (y, por lo mismo difícil de apreciar).
Eso, así de simple (aparentemente), me baja la intensidad, la “nefastez”, como me gusta decirle. Me reconcilia conmigo y hasta me sube la autoestima. Sí, la misma que a veces una deja por ahí olvidada en una esquina del baño. El truco está en acordarme cada noche. No es magia. Es solo una pausa honesta al terminar mi día que balancea mi realidad. Y aunque confieso que lo que más me sirve es darme cuenta, esto me ayuda a no quedarme ahí estacionada en la quejadera.
Creo que ha funcionado y le he bajado a ese “hábito” (habrá que preguntarle a mi hija) y le he subido a lo que sí hay, a lo que sí tengo, a lo que sí me gusta.
Te lo comparto por si a ti —o a alguien que conoces— les hace bien leerlo. Aunque sea solo para relajarse, distraerse o ver si también están en modo “¿por qué soy así?”.
Si eso pasa, ya valió la pena.
¿Y tú? Qué haces con tus quejas… o con las de los demás? Si te animas a escribirme, me va a dar gusto leerte.
Gracias por estar aquí. Me emociona compartir esto contigo y saber que, aunque no nos veamos, nos estamos acompañando en estas vueltas de la vida 🫶
Con cariño, Consuelo


Felicidades por el blog. Me en canto este breve escrito lleno de cotidianidad y sabiduría que sabe a una buena plática tanto interna como cuando se comparte a una buena amiga! Que siga creciendo la comunidad en este buen compartir de la vida!
Pues te comparto que yo soy del club de las quejas. Y a mí me funciona deshacerme de ellas porque si no, me estorban. Entonces busco a alguna persona de mi red de orejas y les pido unos minutos para que me escuchen mis quejas (que por cierto ya las tengo identificadas) y una vez que salen uso el sentido del humor y termino riéndome, la mayoría de las veces de lo absurdo que suenan mis quejas. Esto me ayuda a volver a ver lo que si hay. Gracias Consuelo por compartir tu modo.
Muy buen punto, enfocarnos en el vaso medio lleno , y no medio vacío.
Valorar lo que sí tenemos y aprender a disfrutarlo - aunque sean cosas pequeñas de la vida diaria- porque como dicen se es rico, no por lo que se tiene, sino porque se sabe apareciar eso qué sí se tiene!
Me ha pasado muchas veces que solo veo lo que está o hice mal y me olvido de que soy increíble y que hago cosas valiosas y tengo personas a mi lado que me aman .
Me gusto mucho esta entrada de blog!! A veces se nos olvida todo lo bueno que tenemos y solo vemos el lado malo o lo que nos hace falta. Yo creo que se trata de encontrar la forma de solucionar las situaciones y equilibrarlo.